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Pipeline

Generé 60 ilustraciones para dos libros. Ninguna era imprimible.

28 de julio de 2026 7 min de lectura

Generé sesenta ilustraciones para dos libros esta semana. Ninguna era imprimible, y el motivo no tenía nada que ver con su calidad.

Los generadores de imágenes trabajan a resolución de pantalla. Google Flow me devolvía 896 por 1200 píxeles. En una página de 8,5 por 11 pulgadas eso son 107 puntos por pulgada. Una imprenta pide 300. No es un detalle de acabado, es un factor tres que decide si el libro existe o no.

Ampliar no funciona

El primer reflejo es ampliar. Es el equivocado.

Cualquier ampliación, incluida Lanczos, inventa píxeles intermedios entre los que conoce. En una fotografía pasa desapercibido, el ojo perdona la suavidad. En trazo negro sobre blanco, cada contorno se convierte en una transición gris blanda. En pantalla no se nota. Impreso, todas las líneas parecen temblorosas, y un libro para colorear no es más que líneas.

La respuesta correcta no es ampliar, es retrazar

El trazo en negro puro es el caso ideal de la vectorización. No hay degradado que interpretar ni textura que preservar, solo formas cerradas, negras, sobre blanco.

potrace toma el mapa de bits y devuelve curvas de Bézier. Una vez que la ilustración se describe con curvas en lugar de píxeles, la resolución deja de ser una limitación. Se representa nítida a cualquier tamaño.

La cadena completa son cuatro pasos:

  1. Umbralización a blanco y negro puros
  2. Sobremuestreo por tres, para que el trazador vea bordes suaves en lugar de una escalera de píxeles
  3. potrace hacia un PDF vectorial
  4. Página al formato de corte exacto, con su margen

Resultado medido: 49 kilobytes por página, independiente de la resolución, que se representa en 2550 por 3300 píxeles exactos a 300 DPI. Las escamas de un dragón, las juntas de la piedra, los cuernos: todo sobrevive, y el trazo queda más limpio que en el original.

Un ajuste importa más que los demás. turdsize indica a potrace que elimine las manchas por debajo de cierto tamaño. En trazo grueso y simple, un valor de 8 limpia el polvo de compresión. En trazo detallado, ese mismo valor borra las escamas. Acabé con dos perfiles, uno por estilo de dibujo.

La trampa de verdad no era la resolución

Una vez resuelta la vectorización, descubrí que el problema serio estaba en otra parte.

De un lote de catorce láminas, tres eran inservibles. No estaban mal dibujadas: el modelo había generado una fotografía de un libro para colorear apoyado en un escritorio. Página curvada, sombra proyectada, fondo oscuro, a veces una palabra impresa. Técnicamente una imagen de un libro para colorear. Comercialmente, basura.

El modo de fallo es constante y se puede medir. Comparé cuatro indicadores entre las láminas buenas y las fallidas:

MedidaLáminas válidasRenders «foto»
Borde exterior blanco97 a 100 %0 %
Píxeles grises1 a 3 %70 a 77 %
Desviación de color0,14,4 a 5,3

La separación es nítida. Unas pocas líneas de control automático detectan cada fallo sin descartar nunca una lámina buena, lo cual importa cuando produces sesenta.

Dos errores de calibrado, y lo que me enseñaron

Mi primera versión usaba el borde blanco como prueba principal. Rechazaba una ilustración perfectamente válida, solo porque el dibujo llegaba hasta los bordes. El borde no es una señal fiable: una composición a sangre lo activa de forma legítima.

El verdadero discriminante es el gris. Una fotografía de un objeto tiene sombras por todas partes. Un dibujo lineal no tiene ninguna.

Después cambié de estilo de dibujo, y el umbral de gris empezó a rechazar el lote entero. El trazo detallado produce muchos más bordes suavizados que el trazo grueso: del 14 al 19 por ciento de gris en lugar del 1 al 5, sin que la imagen sea peor. Los fallos reales seguían en 70 y más, así que la frontera existía, simplemente no estaba en el mismo sitio.

Un umbral calibrado sobre un estilo no se transfiere a otro. Escrito así resulta evidente, y me costó dos idas y vueltas.

Por último, al revisar las láminas montadas, encontré una línea parásita cruzando una página. El generador dibuja a veces un marco alrededor de la ilustración, a veces solo un lado. Vectorizado tal cual, eso se convierte en una barra atravesando la página impresa. De las cincuenta y dos láminas producidas, veintitrés tenían marco. Una detección automática busca ahora, en una banda a lo largo de cada borde, una línea casi enteramente entintada, y recorta justo por dentro. Efecto secundario agradable: la ilustración ocupa mejor la página.

Lo que me llevo

La parte creativa nunca fue el cuello de botella. Generar sesenta ilustraciones correctas llevó unos minutos y no costó nada.

Lo que lleva tiempo es todo lo que separa una imagen de un objeto imprimible: resolución, control de calidad, marcos parásitos, maquetación, fuentes incrustadas, dimensiones a la milésima de pulgada. Nada de eso es lucido, y es exactamente ahí donde se decide la diferencia entre un archivo que va a imprenta y una carpeta de imágenes en un disco.

El pipeline completo son cuatro scripts. Genera, mide, ordena, vectoriza y monta. Cada etapa falla de forma ruidosa en vez de dejar pasar una página defectuosa, porque un libro incompleto impreso cuesta infinitamente más que un script que se detiene.

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